Muere Evita

Rebelde, revulsiva, impertinente e imprescindible, entendió como pocos y pocas la época del imperialismo. Luchó contra ‘la oligarquía vendepatria y farsante’, contra la ‘raza maldita de los explotadores’ y ‘de los mercaderes de los pueblos’. Dejó atrás a la ‘mujer vieja’, a la del rol asignado, a la que espera, para convertirse en la ‘nueva mujer’, la que rompe los moldes, que todo lo busca, desafía y persigue. Su figura es un ejemplo potente e inspirador para toda mujer que luche por la liberación de la opresión de género y la causa del pueblo.
Hija ilegítima, sufrió una infancia de pobreza en la región de su nacimiento hasta que a los dieciséis años huyó a Buenos Aires, donde trabajó como actriz en pequeños locales y en la radio, y a partir de 1935 comenzó a gozar de cierta popularidad.
Se casó con Perón en 1945, quien ese mismo año fue destituido de sus cargos de la secretaría de Trabajo y de la vicepresidencia de la nación y confinado en la isla de Martín García. Entonces mostró Eva su gran energía y carisma para conectar con los sectores nacionalistas del ejército afines a su marido y con los trabajadores, que se habían beneficiado de las medidas sociales impulsadas por Perón desde su puesto.
Una vez liberado, Perón se presentó a las elecciones de febrero de 1946 y obtuvo un rotundo triunfo. A pesar de la popularidad de que gozaba, ella no aceptó ningún cargo oficial y prefirió impulsar una política social desde la presidencia de una fundación que llevaba su nombre. Financiada con fondos públicos, la Fundación Eva Perón repartió ayudas sociales a los más necesitados.
Evita, como habían comenzado a llamarla las clases populares, se convirtió en el rostro humano del gobierno y en el enlace del presidente con las organizaciones obreras, principalmente la Confederación General del Trabajo (CGT). Su particular preocupación por la situación de la mujer la llevó a fundar en 1949 el Partido Peronista Femenino y a promover desde él medidas orientadas a una mejor integración de la mujer en el mercado laboral. No sólo logró el voto femenino, el Partido Peronista Femenino y cientos de cargos electivos para mujeres en todo el país, sino que cuestionó el lugar de las mujeres como ‘valores inertes y numéricos dentro de la sociedad’, la mujer que asistía, atada e impotente a las decisiones que marcaban los destinos de su país. Su feminismo era tan espontáneo y naturalmente vinculado a la causa popular que ya usaba lenguaje inclusivo hace más de 60 años: cuando hablaba siempre de los descamisados, los trabajadores y las mujeres.
Gracias a su intervención, la legislación laboral articulada durante la primera presidencia del general Perón se tradujo en unas mejores condiciones de vida de los trabajadores y de los sectores hasta entonces marginados de la sociedad argentina. En 1951, año en que publicó su autobiografía La razón de mi vida, la CGT la postuló como candidata a la vicepresidencia. Sin embargo, la propuesta topó con la férrea oposición de las Fuerzas Armadas, que veían en ella una amenaza en su calidad de portavoz de la línea más radical y reivindicativa del peronismo. Por otro lado, la propia Eva era reacia a aceptar cargos públicos, convencida de que la eficacia de su labor estaba en la proximidad de su relación con la gente. Además, el conocimiento de la grave enfermedad que la aquejaba la indujo a renunciar a la candidatura en un emotivo acto en el que se dirigió a la multitud desde el balcón de la casa de gobierno.
Su muerte significó el inicio de la decadencia del gobierno, que tres años más tarde fue derrocado por un golpe militar. Para evitar el peregrinaje popular a su tumba, los militares secuestraron y trasladaron el cadáver de Eva Perón a Italia y más tarde a España. En 1975 el gobierno argentino (presidido por la que había sido la tercera esposa del general, Isabel Martínez de Perón) llevó de nuevo a Argentina los restos mortales de Eva Perón.
Su obra ya es parte de nuestra historia colectiva y su memoria sobrevive en el alma de nuestro pueblo

Día de los Abuelos
Se celebra en Argentina el Día del Abuelo, por un origen religioso. En ese día, la Iglesia recuerda a San Joaquín y a Santa Ana, madres de la Virgen María y abuelos de Jesús. En el país, también se celebra el segundo domingo de noviembre, que es Día de la Abuela, y el tercer domingo de agosto, que es el Día del Abuelo.